EL "COMPORTAMIENTO EMERGENTE"

COMO FUENTE DE ESPERANZA Y DE VITALIDAD

GUSTAVO WILCHES-CHAUX

Fragmento del libro en preparación titulado:
"Civismo y Urbanidad, Campesinismo y Ruralidad (Popayán, 1999)

"Cuando ya nos estaban creciendo las alas, cuando aprendíamos a hacer bromas con los dioses y a montar en las espaldas de los gigantes, cuando gracias a la desnudez de las flores nos crecían como musgo sobre la piel ¡zas!, sucedió la famosa caida, que nadie ha sabido explicar, y entonces quedamos desamparados en medio de la muerte y el recuerdo de esa vida, que sí era vida. Desde ese día de la lejana época glacial, la especie nuestra ha arrastrado una pesada prehistoria de doce mil años, durante la cual de los ángeles únicamente nos quedaron memorias celulares, improntas de plumas en la piel y, eso sí, fiebres lunares de deseo. Para no perecer como bestias hambrientas, hace dos siglos los europeos proclamaron una declaración de los derechos del hombre, en la que se nivelaban por lo bajo las ansias de una humanidad llamada a más. Claro, eran asuntos de la época exigencias de la infra-realidad en la que hasta el momento –y todavía hoy- transitaban los desterrados compañeros de los héroes (...) Los nuevos derechos del hombre son los eternos derechos del ángel y por lo tanto los verdaderos derechos del hombre. Se pueden resumir en uno sólo: el derecho a la utopía. Al fin y al cabo, nuestra esencia última es el deseo infinito, como dice Octavio Paz comentando la siguiente lapidaria sentencia del poeta William Blake: Menos que todo no puede satisfacer al hombre".

Arturo Guerrero

"La proclamación de los derechos del ángel"

En el mundo de la "vida artificial" (en inglés AL por "Alife" o "artificial life"), existe el concepto de comportamiento emergente para hacer referencia a aquellas formas complejas de "conducta" de los sistemas, equivalentes en la naturaleza a los patrones de vuelo de las bandadas de golondrinas o a los patrones de nado de los cardúmenes de anchoas, que no surgen de una programación igualmente compleja e "intencional" (en el sentido de que los elementos que conforman el sistema se programen para ejecutar determinadas maniobras), sino de la interacción reiterada en el tiempo y en el espacio virtual, de varios cientos de objetos (denominados "boids" por "bird objects") cuyo comportamiento se rige por tres simples instrucciones:

Craig Reynolds (investigador en sistemas complejos de Los Angeles Symbolics Corp.), quien "descubrió" el comportamiento de los "boids", encontró también que sin que existiera una instrucción específica para la población de "boids" como totalidad, y sin importar el punto de partida de los diferentes objetos voladores, éstos se reacomodaban a sí mismos de manera espontánea en forma de cardumen o de bandada (es decir, como una unidad coherente) luego de evadir un obstáculo, lo cual constituyó una sorpresa para los investigadores luego de correr durante varias horas el programa con las tres instrucciones elementales.

Al igual que las bandadas de pájaros o los cardúmenes de peces, cientos de "boids" de detienen al mismo tiempo, reducen o incrementan su velocidad, cambian súbitamente de dirección y ejecutan patrones de vuelo que, de buscarse intencionalmente por otros medios, requerirían enormes computadores y cientos de miles de horas de programación.

"La simulación comienza con los "boids" distribuidos en la pantalla al azar y espontáneamente se reúnen para formar una bandada. La primera instrucción mantiene la necesaria separación entre los "boids". Las dos últimas determinan la cohesión y la dirección de la bandada."

La conclusión principal derivada de los experimentos de Reynolds, es que tanto en el mundo virtual, como en la naturaleza y en la sociedad, es posible que comportamientos de enorme complejidad surjan a partir de la iteración y reiteración de comportamientos individuales muy simples, lo cual permite concretar la esperanza de que el gran rompimiento entre la especie humana y la naturaleza, que nos ha conducido a convertirnos en plaga, se pueda comenzar a transformar a partir de una interacción consecuente y coherente de pequeños y simples cambios en nuestras conductas individuales.

"Resulta fácil entender de qué manera se origina un orden emergente a partir de reglas básicas, que luego ascienden para dar lugar a niveles cada vez mayores de complejidad. Intuitivamente se puede ver cómo una acertada selección de normas locales puede llegar a transformar el comportamiento global. Lo difícil es entender cómo a partir del comportamiento global, se pueden llegar a modificar los comportamientos locales."

Por eso, a nivel estrictamente de gestión ambiental, se ha entendido que la solución de los grandes problemas ecológicos del planeta tiene que sustentarse en una suma coherente de soluciones locales inspiradas en una misma finalidad. En Colombia, por ejemplo, existen cientos e incluso miles de experiencias locales concretas de manejo ambiental, verdaderas "fábricas de esperanza", muchas de las cuales han sido verificadas y validadas - y perfectamente podrían replicarse adecuándolas a las particularidades de cada región y comunidad -, pero que en la mayoría de los casos no han logrado dejar de ser marginales y en consecuencia insuficientes para impactar de manera definitiva y radical la concepción predominante del desarrollo y los procesos de deterioro que sufren los ecosistemas del país.

Al igual que, a estas alturas, tampoco se ven con claridad las soluciones "globales" al problema de la violencia que, como antes se anotó, produce, entre otras consecuencias desastrosas, el desplazamiento de un millón y medio de colombianos y el asesinato casi siempre impune de cuarenta mil personas en el año.

Somos conscientes de que tanto a nivel planetario como nacional y regional, solamente podremos dejar a un lado nuestra condición de plaga, si somos capaces de protagonizar un profundo cambio cultural --y digámoslo claramente: espiritual-- que nos conduzca incluso a redefinir los conceptos de religión y de humanidad. Posiblemente el inicio de ese cambio cultural y espiritual sea el catalizador que permita que las experiencias locales exitosas en materia de gestión ambiental y social, adquieran la capacidad de modificar la dirección del desarrollo y de las relaciones entre la naturaleza y la comunidad.

¿Cómo logró Jesucristo, con doce pescadores descalzos, provocar la derrota del Imperio Romano, si no fue mediante el poder del compromiso, de la convicción y del contagio?

Basándose en la idea de gene, el biólogo inglés Richard Dawkins ha forjado el concepto de "meme" para referirse a una "unidad de idea" que, al igual que los virus que son portadores de información genética, posee la capacidad de difundirse por una población y de contagiar una multitud.

La primera vez que encontré el concepto de meme en un medio de comunicación social, fue en la revista Time a raíz del suicidio colectivo de los seguidores del líder espiritual de la secta conocida como "Heavens Gate", que condujo a un grupo de adolescentes norteamericanos primero a la castración y posteriormente al suicidio colectivo, con la convicción de que partirían de este planeta en una supuesta nave espacial.

Me parecía obvio qué si un meme de muerte había podido contagiar una comunidad, unos memes de vida con absoluta seguridad podrían provocar un comportamiento emergente en favor de la vida en la Tierra y de la felicidad humana.

¿Qué instrucciones elementales podría seguir cada uno de nosotros, en la confianza de que a medida que se vayan sumando los cambios individuales, surja un comportamiento emergente que se traduzca en una transformación planetaria?

A finales de 1998, en un evento organizado por el "Mandato Ciudadano por la Paz" para lanzar el libro titulado "Eclipse de la Guerra", conmemorativo del primer aniversario de las elecciones en las cuales diez millones de colombianos votaron en favor de ese mandato, me atreví a formular la siguiente propuesta:

Si solamente uno de cada cien colombianos y colombianas que votamos a favor del Mandato Ciudadano por la Paz, nos comprometemos a asumir sin arrogancias ni protagonismos esa responsabilidad, tendremos en el país cien mil (100.000) militantes de la esperanza en acción.

El cómo hacerlo, el qué hacer, está en una pequeña oración, que a lo mejor por conocida --y en el afán de originalidad de todos cuantos aportamos a esta publicación--, se quedó por fuera del libro que hoy ve la luz en medio de la oscuridad.

Ojalá que la memoria del eclipse nos permita redescubrir su profundidad y convertirla en iluminación.

Si simplemente nos comprometemos con nosotros mismos, en el ámbito amplio o estrecho de nuestras posibilidades, pero con inquebrantable voluntad:

A que donde haya odio pongamos amor;

A que donde haya ofensa, pongamos perdón;

A que donde haya discordia, pongamos armonía;

A que donde haya error, pongamos verdad;

A que donde haya duda, pongamos la fe;

A que donde haya desesperación, pongamos esperanza;

A que donde haya tinieblas, pongamos la luz;

Y a que donde haya tristeza, pongamos alegría;

Si no nos empeñamos tanto en ser consolados como en consolar;

En ser comprendidos como en comprender;

En ser amados como en amar;

Y si le dejamos a la vida la oportunidad de demostrarnos que dando se recibe, olvidando se encuentra y perdonando se es perdonado, seguramente no vamos a tener que morirnos para resucitar en la vida eterna, sino que nos vamos a convertir en expresiones conscientes de la eterna voluntad de vida que inspira al Universo y en instrumentos activos y cotidianos de esa voluntad.

Cien mil militantes de la vida, empeñados en no quedarles mal ni a nuestros hijos e hijas, ni a nuestros nietos ni nietas, ni a los planetas que desvían los cometas de manera que tengamos tiempo para evolucionar, ni a los organismos unicelulares que, aún en contra de las equivocaciones humanas, se empeñan en mantener favorable a la vida la composición de la atmósfera y de las aguas del mar.

No en vano esa oración (o como dirían los tecnócratas: ese know—how para la paz) proviene del mismo que llamaba hermanas a la Luna y a la lluvia, y hermanos al lobo y al Sol.

Esta docena de "instrucciones" que conforman la oración de San Francisco de Asís, no serán tan sencillas como las que hacen volar en complejas bandadas a los "boids", pero tampoco exigen esfuerzos imposibles ni sobrenaturales de quienes asuman con ellas un compromiso cotidiano y vital.

En el espíritu de las palabras de Albert Schweitzer que quedaron transcritas atrás, debemos asumir el reto de ampliar el sentido y la intencionalidad de cada "instrucción", al resto de las criaturas que comparten con nosotros – y que son con nosotros –expresiones de la voluntad de vida presente en el cosmos.

Seguramente a la posibilidad de que por el poder del contagio surja ese comportamiento emergente, hace referencia Tomás Berry cuando, citando la explicación de Dums Scotus sobre el significado de Cristo, afirma que "el sentido básico de la bondad es que tiende a propagarse. La bondad por definición es compartir, es la entrega expansiva del ser de una persona a otros."

Lo cual nos remite a otras etimologías: la de la palabra "misericordia" (misere cordis dare: dar el corazón a los más pobres, entendidos no solamente en sentido económico, sino como todos cuantos en algún momento se encuentran en situación de debilidad o de necesidad); la de la palabra "conspiración" (respirar al unísono); la de la palabra "solidaridad" (que emparenta el concepto de participación con el verbo soldar: convertir una cosa en parte de otra) y la ya mencionada etimología de "compasión" (compartir la pasión o la capacidad de sentir en nuestras propias tripas lo que sienten los demás).