Aportes de la
facilitación a la gestión de procesos
Por: Rodrigo Arce Rojas[1]
En primera instancia podemos reconocer la
facilitación de manera explícita o de manera implícita.
La
facilitación explícita:
Se dice que es explícita cuando ha sido convocada. Para
que el proceso pueda desarrollarse requiere la voluntad expresa del grupo o de
las partes involucradas. Requiere además que el reconocimiento de las partes de
la autoridad del facilitador[2].
Esta autoridad reconocida significa aceptar
las reglas de juego, métodos y procedimientos de la facilitación. El
reconocimiento de este rol diferenciado no implica de ninguna manera
superioridad en tanto el facilitador por definición está al servicio del grupo
en tanto se enmarque en un esquema de valores y principios superiores. Tal
condición le permite ejercer el derecho de cuestionar, de poner en consistencia
los argumentos del grupo, de favorecer un abordaje creativo y multidimensional
del tema en cuestión. Así pues, se contradice el hecho que el facilitador es un
recipiente neutro cuya única función es clasificar las ideas del grupo. Por el
contrario, el rol del facilitador es en esencia un provocador que trata de
remover la rigidez de las creencias más profundas.
El papel del facilitador no es concentrar poder sino
ayudar a democratizar el poder para favorecer un diálogo respetuoso.
La
facilitación implícita:
Es aquella que se verifica en una diversidad de
procesos sociales en los que no se menciona expresamente la palabra
facilitación o la palabra facilitador pero que, sin embargo, se reconocen los
mismos principios básicos de la facilitación orientados a desplegar las
capacidades, facultades y potencialidades del grupo. De ello dan cuenta
numerosos procesos sociales de toda índole (forestales, democráticos, comunitarios,
entre otros) donde algunos actores cumplen el rol de facilitadores favoreciendo
encuentros, consensos y la acción colectiva para el cambio social. De ello dan
cuenta, por ejemplo, los animadores comunitarios, los líderes sociales, los
dirigentes que se manejan bajo los principios de la facilitación.
Esta situación se explica por la gran proliferación
de términos y de prácticas que se dan en procesos que podrían agruparse bajo el
paraguas de las “intervenciones sociales”. Ello depende también de la
disciplina matriz bajo la cual se ejerce, se convoca o se apela a la
facilitación, el liderazgo, la animación sociocultural, la inducción, la
consejería, entre otras denominaciones. No obstante, hay matices semánticos en
cada una de estas denominaciones. De ahí que amerita un esfuerzo académico para
poder caracterizar mejor cada uno de estos enfoques y prácticas y avanzar hacia
un proceso integrador de corte sinergético que aproveche lo mejor de cada
aporte. En ese esfuerzo estamos enfrascados.
Entre la
facilitación explícita y la facilitación implícita:
No existe únicamente una facilitación explícita y
otra implícita, en medio de estos dos extremos también podemos encontrar una
diversidad de matices.
Esto es posible, por ejemplo, cuando no se conoce
exactamente lo que implica la facilitación o se subestima su potencial de
contribución a la gestión de procesos. En los procesos sociales (de todo tipo)
se puede encontrar los siguientes sesgos producto de una mirada
predominantemente:
1.
Técnica
2.
Política
3.
Economicista
4.
De contenidos
5.
De métodos
En nombre del pragmatismo, los que no conocen la
magnitud de lo que implica la facilitación lo ven como una pérdida de tiempo,
recursos o como falta de seriedad y de rigor científico. De ello he sido
testigo en innumerables ocasiones.
El papel de la
facilitación en la gestión de procesos:
Contradictoriamente a lo que todavía muchos piensan,
la facilitación permite conjugar las diferentes miradas bajo esquemas de
gestión de información y gestión de ideas, gestión de procesos de
interaprendizaje, gestión de comunidades para la acción colectiva.
No en vano la facilitación es fuertemente convocada y
practicada en los exigentes ámbitos de la gestión empresarial por cuanto ayuda
a que los procesos de toma de decisión sean más efectivos y perdurables.
En un país donde lamentablemente todavía tenemos una
gran cantidad de instituciones públicas y privadas presentan déficit de
gestión, la facilitación se constituye en una poderosa herramienta a favor de
la acción colectiva reflexionada y ponderada.
No estamos hablando únicamente de la importancia de
la figura del facilitador, estamos hablando más bien de la importancia de las
competencias de facilitación que pueden estar presentes no sólo en
facilitadores sino también en gerentes, directivos, líderes y trabajadores del
conocimiento. Que mayor pertinencia precisamente en esta era del conocimiento y
de introducción a la era de la sabiduría.
Los esquemas de mando y control están en seria
retirada por su caducidad para provocar una explosión de ideas creativas. La
democracia de las ideas es un terreno fértil para generar trabajadores
creativos e innovadores y ahí está el papel de la facilitación.
[1] Ing. Forestal. rarcerojas@yahoo.es
[2] Usaré facilitador para referirme a facilitadores y facilitadoras.